María del Carmen Yuta, socia de Vodanovic, nos comenta sobre la nueva dinámica de pagos basado en la actualización reglamentaria que rige el Sistema Nacional de Pagos.
El Perú acaba de dar un paso decisivo en la modernización de su infraestructura financiera. El nuevo Reglamento del Sistema Nacional de Pagos (SNP), en vigor desde el 1 de abril, no es un ajuste menor: es una reconfiguración estructural del marco regulatorio que sostiene la industria de pagos. Para los actores internacionales —bancos, fintech, procesadores, proveedores tecnológicos e inversionistas— este cambio abre un escenario más claro, más integrado y con estándares más cercanos a los de mercados avanzados.
Un enfoque basado en actividades, no en tipos de entidad. Hasta ahora, la regulación peruana clasificaba a los actores según su naturaleza jurídica: banco, emisor, adquirente, empresa financiera y otros. Ese enfoque se ha vuelto insuficiente en un mercado donde un mismo jugador puede ser, simultáneamente, proveedor de servicios de pago, administrador de un acuerdo de pago, participante directo en sistemas de compensación, proveedor tecnológico o integrador de infraestructura.
El nuevo reglamento corrige esa brecha. La regulación ahora se aplica según la actividad y el rol funcional dentro del ecosistema. Esto alinea al Perú con tendencias globales donde los modelos de negocio son cada vez más modulares y distribuidos. Para los inversionistas, esto significa un entorno más predecible: reglas claras para cada función, obligaciones diferenciadas según el riesgo real, mayor transparencia en la cadena de valor.
El cambio regulatorio obliga a las empresas —locales y extranjeras— a mirar el negocio con una perspectiva más sistémica. Ya no basta con definir qué hace una compañía: es necesario mapear cómo está diseñada la iniciativa completa, quién cumple cada rol y dónde se ubican los puntos de dependencia, riesgo y responsabilidad.
En los modelos cada vez más integrados, es común que una empresa provea el canal, otra procese la operación, otra gestione la infraestructura tecnológica y otra administre el acuerdo de pago. Identificar correctamente esos roles es el punto de partida para cumplir obligaciones, gestionar riesgos y asegurar continuidad operativa.
Interoperabilidad como condición estructural
El segundo eje del nuevo marco es la interoperabilidad, que deja de entenderse como una simple conexión entre servicios de pago. La regulación la eleva a una condición estructural del ecosistema, que debe proyectarse sobre infraestructuras, sistemas, estándares tecnológicos y modelos de gobernanza. Este cambio no ocurre en el vacío. El Perú se prepara para dos transformaciones mayores: La implementación gradual de las finanzas abiertas, liderada por la Superintendencia de Banca y Seguros y AFP (SBS) y el desarrollo de una nueva cámara de compensación minorista, impulsada por el Banco Central (BCRP).
Ambas iniciativas apuntan a un mercado más integrado, con mayores exigencias en estandarización, seguridad, trazabilidad y eficiencia. Para los actores internacionales, esto significa un entorno más competitivo y alineado con prácticas de mercados como Brasil, India o la Unión Europea.
Los pagos ahora son infraestructura crítica
El tercer mensaje del regulador es muy importante: los pagos ya no son un servicio complementario, sino una pieza crítica de la infraestructura económica del país. Por ello, las exigencias aumentan en continuidad operativa, ciberseguridad, gestión de incidentes, transparencia en la estructura de cobros, gobernanza y resiliencia tecnológica. Estas obligaciones alcanzan a todos: bancos, fintech, adquirentes, emisores, proveedores de tecnología y nuevos participantes que ingresen al mercado.
Para los inversionistas, esto implica un entorno más robusto, con menores riesgos sistémicos y mayor confiabilidad para escalar operaciones.
Perú: Un mercado en expansión, buscando estándares globales
El Perú es hoy uno de los mercados de pagos digitales de mayor crecimiento en América Latina, impulsado por la masificación de billeteras digitales, la interoperabilidad vía alias y QR, la rápida adopción de pagos inmediatos y la creciente digitalización del comercio minorista. El nuevo reglamento consolida ese avance y prepara al país para una siguiente fase de integración regional y competencia internacional.
La innovación seguirá siendo clave, pero el regulador deja claro que la estructura importa tanto como la creatividad. En esta nueva etapa, las empresas deberán definir con precisión qué rol cumplen, entender las implicancias regulatorias de cada función, fortalecer su arquitectura tecnológica y anticipar los requisitos de interoperabilidad y resiliencia.
En conclusión: Para los inversionistas globales, el Perú ofrece hoy un ecosistema más claro y con nuevas oportunidades, más ordenado y con un marco regulatorio que reduce la incertidumbre y habilita nuevos modelos de negocio más sofisticados. Es la hora de mirar al Perú en sus estrategias de expansión internacional.
Fuente: Iupana.com




