María del Carmen Yuta
Socia de Vodanovic
El Perú vive un boom de solicitudes de licencias financieras. Según el Superintendente de Banca, Seguros y AFP, Sergio Espinosa, hay siete en trámite, cuatro de ellas son empresas digitales, lo que generaría más competencia, innovación y mejores tasas.
En las licencias, el dato relevante no es tanto el número de solicitudes sino el método: la SBS recortó en promedio 40% los tiempos de autorización (de hasta 18 meses pasó a un máximo de 9), sin relajar los criterios exigidos de idoneidad moral, técnica, económica, capital, gobierno corporativo, tecnología y riesgos. Agilizar sin relajar criterios, es la vía correcta: se preserva el estándar, y a la vez, se hace que sea proporcional al riesgo real de cada modelo de negocio. Eso es coherente con los Principios Básicos de Basilea (Principio 5), que exigen criterios de licenciamiento claros y objetivos, no necesariamente idénticos para perfiles de riesgo distintos.
En el reciente Foro de Perú Payments, el CEO de Revolut Perú, Julien Labrot, celebró este enfoque y calificó a la regulación peruana como “innovadora” y garante de “la estabilidad del sistema”, lo cual evidencia que rigor prudencial y agilidad no son incompatibles. Lo que hay que vigilar es que la agilidad no quede sólo en un titular. Un plazo más corto solo producirá competencia real si la SBS refuerza, al mismo ritmo, su supervisión ex ante con un enfoque proporcional y basado en riesgo, en cada nueva solicitud.
En paralelo, vemos una intensa discusión sobre la continuación de los topes a las tasas de interés: el pedido de facultades propone eliminar la Ley 31143 (“ley antiusura”), que facultó al BCRP fijar límites. El propio presidente del BCRP, Julio Velarde, sostiene, con acierto, que la mejor forma de bajar tasas es con “más competencia, transparencia e información”, y no con controles de precios que terminan excluyendo del crédito a solicitantes de mayor riesgo.
Asimismo, la SBS y el BCRP trabajan en una hoja de ruta para potenciar la competencia, transparencia e información, a través de las Finanzas Abiertas, un mecanismo que empodera y protege al consumidor financiero, reduciendo asimetrías de información. Queda pendiente emparejar la cancha, eliminando barreras artificiales que aún subsisten, como las asimetrías en el tratamiento del IGV entre los distintos oferentes de créditos.
Es necesario abrir la competencia con reglas claras y ágiles, sin relajar la supervisión ni recurrir a los controles de precios, garantizando -al mismo tiempo- un piso parejo entre todos los actores de la mano con una mayor educación financiera al consumidor.
Fuente: Diario Gestión




